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Subida de precios del vino por aranceles

Los consumidores se enfrentan a un panorama más complejo y costoso al buscar vinos para las celebraciones de Acción de Gracias, en un año marcado por aranceles, menor demanda y cambios profundos en las preferencias de consumo.

Elegir qué vino acompañará el pavo del Día de Acción de Gracias siempre ha sido una tarea que genera dudas entre los compradores, pero en esta temporada la decisión se ha vuelto aún más difícil. Los precios han continuado su ascenso, la variedad disponible podría verse reducida y las tiendas especializadas lidian con un mercado que se está reconfigurando rápidamente por razones económicas y regulatorias. Aunque el vino es un clásico de las festividades, su posición en la mesa estadounidense ya no es tan firme como antes, y experimentar esa transformación a pocos días de una celebración familiar tan importante solo aumenta la sensación de incertidumbre.

Durante los últimos años, el costo del vino embotellado ha seguido una tendencia ascendente que ahora se hace más evidente. En un periodo de 25 años, los precios han subido casi un 20 %, y solo en la última década el aumento acumulado supera el 8 %. Estos incrementos no provienen de un solo factor: intervienen el cambio climático que afecta las cosechas, la inflación global, los mayores costos logísticos, el alza en la mano de obra, los nuevos aranceles a productos importados y una demanda nacional que muestra señales de debilitamiento. Todo esto se ha convertido en una tormenta perfecta que afecta tanto a importadores como a minoristas, obligándolos a repensar sus estrategias comerciales en un entorno complejo.

Los aranceles elevan la presión sobre los precios

Para los comerciantes de vino, las tarifas impuestas por la administración del presidente Donald Trump han tenido un efecto considerable. Sobresale la tarifa del 15 % sobre las importaciones de la Unión Europea, una disposición que ha alterado la estructura de precios de los comercios pequeños y medianos que dependen de productos foráneos para ofrecer una selección diversa. La verdad, según dueños y administradores, es que asimilar estos gastos es casi inviable, aunque muchos establecimientos están esforzándose por limitarlos para que no afecten totalmente a sus consumidores.

Ese es el reto que describe Daniel Mesznik, propietario de McCabes Wine & Spirits en Manhattan, quien afirma que los precios en su tienda han aumentado entre un 5 % y un 12 % este año. Para él, este incremento es simplemente la consecuencia directa del panorama actual: transporte más caro, manufactura más costosa, mano de obra más exigente y aranceles que elevan la base de costos desde el primer momento. Aunque la tienda hace esfuerzos por moderar los aumentos, Mesznik reconoce que los consumidores ya entienden que esta situación responde a factores más amplios y fuera del control de los minoristas.

Pero si para los comercios es complicado manejar esta nueva estructura de precios, para los importadores la situación es todavía más desafiante. Empresas como Elenteny Imports, que se dedica a logística y distribución y que trabaja con miles de minoristas y restaurantes en el país, reportan que las ventas de vino han disminuido un 13 % en términos interanuales. La razón principal no es solo la caída en el consumo, sino la pérdida de rentabilidad derivada de los aranceles, que en muchos casos reduce los márgenes a niveles mínimos.

Un sector con un consumo de vino decreciente anualmente

Con el incremento de los costos, el interés por el vino en el mercado estadounidense ha disminuido. Las cifras de la industria revelan una contracción del 3 % en el volumen de consumo entre 2019 y 2024, y se anticipa otra caída del 4 % para el periodo de 2024 a 2029. Esta tendencia a la baja se atribuye a una clara modificación en los gustos de los compradores, quienes ahora prefieren bebidas premezcladas, destilados más asequibles y cócteles enlatados que brindan facilidad y opciones novedosas. Estas alternativas no solo resultan más económicas que el vino, sino que también se ajustan al ritmo de vida contemporáneo, donde la comodidad y la inmediatez son factores determinantes en las decisiones de adquisición.

Para Marten Lodewijks, presidente de IWSR, el vino enfrenta desventajas estructurales frente a estos nuevos competidores. A diferencia de las bebidas enlatadas o los licores económicos, las botellas de vino suelen tener presentaciones grandes, precios más altos y una percepción de compra menos conveniente para ocasiones informales. Estas características han ido erosionando el interés del consumidor promedio y, con ello, la estabilidad del mercado.

La información más reciente de Elenteny revela que la tendencia actual se mantiene en 2025. Los registros de pedidos de vinos extranjeros reflejan una disminución de casi el 30 %, lo que indica que tanto los proveedores como los comerciantes están disminuyendo sus existencias y adaptándose a un panorama menos propicio. Si bien una porción de esta disminución se atribuye al «auge pospandémico» que impulsó las adquisiciones de forma transitoria, otro elemento fundamental sigue siendo el efecto persistente de los gravámenes. Según Alexi Cashen, directora ejecutiva de Elenteny, estas tasas representan hoy la principal inquietud para la industria.

Curiosamente, ni siquiera los vinos producidos en Estados Unidos, que teóricamente podrían beneficiarse de los aranceles a productos europeos, están logrando aumentar sus ventas este año. Esto demuestra que el comportamiento del mercado es más complejo y que las preferencias del consumidor se están moviendo en una dirección menos favorable para el vino en general.

El auge del tequila y la reorganización de las tiendas

Frente a la baja en el consumo de vino, numerosos establecimientos especializados han optado por ampliar su catálogo de productos con el fin de preservar o incrementar sus ganancias. Un caso ilustrativo es el de Mesznik, quien, tras la reinauguración de su local luego de una remodelación de 16 meses, implementó una modificación estratégica en la disposición de sus artículos. Actualmente, uno de sus productos estrella es el tequila, una bebida exenta de impuestos aduaneros debido al pacto comercial suscrito en 2018 entre Estados Unidos y México, durante la primera administración de Trump.

El tequila y el mezcal han captado la atención del público, no solo por su asequibilidad, sino también por su atractiva estética, su adaptabilidad en la mixología y su arraigado significado cultural. Mesznik ha incrementado la oferta de marcas en un 40 % y ha otorgado a estos artículos un lugar destacado en el establecimiento. A su juicio, esta es la categoría que más atrae a los consumidores actualmente, por lo que estima crucial su exposición.

Con el ascenso de otras categorías, como las bebidas de agave, la cuota de mercado del vino en su establecimiento ha experimentado un descenso. Si bien previamente constituía aproximadamente el 70 % de las ganancias anuales, se estima que este año descenderá al 65 %, lo que representa una alteración notable para una empresa tradicionalmente enfocada en el vino.

La escasez en los estantes se vuelve más probable

La disminución en la demanda de vinos extranjeros está empezando a manifestarse en la oferta de algunos artículos en los establecimientos. Conforme a la información proporcionada por Elenteny, las importaciones de Francia han experimentado una reducción del 50 %, mientras que las de Italia han descendido un 66 %. Estas caídas tan pronunciadas ya están generando un efecto perceptible para los consumidores. En diversas tiendas, las alternativas habituales son cada vez menos frecuentes, y los clientes podrían requerir mayor dedicación para localizar las etiquetas concretas que antes encontraban sin dificultad.

Mike Veseth, conocido como el Economista del Vino, señala que muchos minoristas, distribuidores y restaurantes han simplificado sus catálogos de bebidas alcohólicas en respuesta a esta caída de la demanda. En particular, los vinos de gama media —ubicados entre los 40 y los 50 dólares— son los más afectados. Mientras que las botellas más económicas y las etiquetas premium mantienen un comportamiento más estable, los vinos de precio intermedio sufren por encontrarse en un segmento del mercado que se ha vuelto especialmente sensible al costo.

A esta coyuntura se añade un elemento legal que incrementa la ambigüedad: el fallo aún no emitido por el Tribunal Supremo respecto a la legitimidad de las tarifas vigentes. Conforme a Veseth, esta falta de certeza disuade a las bodegas de realizar inversiones o de establecer estrategias de precios a largo plazo, restringiendo aún más el desenvolvimiento habitual del mercado.

Tácticas para abordar los gastos emergentes

Además de disminuir sus existencias, ciertos comerciantes están implementando enfoques de adquisición más prudentes con el fin de mantener la estabilidad de sus tarifas. Mesznik detalla que su método de compra de vino ha evolucionado considerablemente en comparación con años anteriores. Anteriormente, era común adquirir solo unas pocas unidades de ciertos artículos; sin embargo, ahora el establecimiento prefiere adquirir mayores cantidades cuando un proveedor presenta ofertas por volumen. Estas estrategias, si bien demandan una inversión inicial superior, posibilitan la mitigación de gastos y la presentación de precios más atractivos para los consumidores.

Un ejemplo reciente es un Pinot Noir argentino que la tienda decidió adquirir en cantidades superiores a las habituales, pasando de compras de 1 o 3 cajas a pedidos de 5 o 10. Estas compras estratégicas permiten aprovechar los descuentos y evitar trasladar incrementos excesivos a los consumidores, aunque también implican asumir más riesgo si la demanda no se comporta como se espera.

Un sector en evolución que transforma los hábitos de compra

El sector vitivinícola estadounidense experimenta una metamorfosis integral en todas sus facetas. Desde los viñedos impactados por las condiciones climáticas hasta los importadores que sortean tarifas y la rivalidad de otros productos, cada segmento de la cadena afronta obstáculos únicos pero igualmente significativos. Los establecimientos minoristas, situados en la confluencia del mercado internacional y el comprador final, son los primeros en percibir las repercusiones y quienes deben responder con mayor celeridad.

A medida que los consumidores se alistan para las celebraciones, es probable que este año hallen una oferta más limitada en los anaqueles y costos superiores a los de años previos. Si bien los especialistas anticipan que la demanda seguirá ajustándose en los años venideros, también admiten que el sector está buscando activamente estrategias para amoldarse y florecer en un entorno de mercado que evoluciona rápidamente. Por el momento, la verdad es que seleccionar el vino perfecto para el Día de Acción de Gracias podría exigir mayor tolerancia y un presupuesto más elástico.

Por Valentina Sequeira

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